Una pausa para orar

Dom 4 septiembre, 2011

 

“Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.”

Lucas 5:15, 16

La fama: un estado anhelado por muchos de los que ahora se involucran en “el ministerio”, y por el cual se han llegado a cometer fechorías inimaginables, es además, el parámetro ideal para describir “un ministerio exitoso”. Al alcanzar tal estado ¿quien se atrevería a abandonarlo?

Jesucristo nos muestra que un buen ministro no solo se dedica lo externo y visible,  sino a lo interno e íntimo: la comunión con Dios. Aunque había muchas cosas por hacer (gente sinceramente interesada y hambrienta de su enseñanza, y personas con necesidades físicas que debían ser atendidas), Jesús se tomó su tiempo, se apartó a lugares desiertos, y oró.

No voy a profundizar en porque se apartaba, o porque a lugares desiertos, o si necesariamente debía orar. Me es mucho más importante aprender de esa necesidad imperante de intimidad con el Padre, de su fuerza de voluntad para decir “ahora no” a la carga de trabajo, apartarse por un tiempo y deleitarse en la oración, un ejercicio fundamental para llegar a lo más profundo de la comunión con Dios, es decir, conocerlo.


Hace exactamente una semana publiqué aquí una frase que me hizo reflexionar profundamente en la manera en que muchos de nosotros desarrollamos el ministerio, por lo que recordé este post publicado originalmente  el 21 de mayo de 2009 en Emmanuel Castillo Weblog.

“¿Te la pasas hablando de Dios pero no hablas con Dios?”

@acisnerosm

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