Mies: un nuevo proyecto

Mie 4 enero, 2012

Estos meses han sido de cambios importantes en mi vida, entre ellos el de mi situación laboral. Después de colaborar por más de 16 años en Liga Bíblica, ahora he fundado un ministerio dedicado a la formación de obreros laicos en las iglesias locales: Mies (sigo trabajando en algunas secciones de la página y espero tener todo el contenido disponible muy pronto).

La idea básica de este ministerio es ejercer de verdad ese derecho que desde la reforma protestante reclamamos: el sacerdocio universal, animando a cada creyente a participar de manera activa en la transformación de éste, nuestro mundo, nuestro hogar temporal. Es necesario.

De esta idea básica se desprenden algunas otras, entre ellas nuestro deber de practicar el evangelio además de predicarlo.

PD. Mies tiene su propio blog. Esta es la dirección RSS por si deseas suscribirte:  http://mies.cc/feed/

Esto no significa que abandonaré Buena Tierra. Nos seguimos leyendo por aquí.

Puedes leer las notas del mensaje aquí.

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“Una iglesia que planta sus tiendas sin la búsqueda constante de nuevos horizontes, sin la apertura continua de nuevos caminos, no está siendo fiel a su llamamiento… (Debemos) rebajar nuestro anhelo de certeza, aceptar lo arriesgado, y vivir improvisando y experimentando.”

-Hans Küng (vía Owirúame).

Puedes leer las notas del mensaje aquí.

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Koinonía

Dom 18 septiembre, 2011

“…es a través de la realidad comunitaria que Dios se hace presente en el mundo. Jesús indicaba este hecho al afirmar que donde dos o tres personas se reunieran en su nombre, allí estaría Él. Y en la oración sacerdotal señala el mismo hecho, afirmando que el mundo sólo comprenderá Su importancia, en la medida en que la realidad comunitaria se concrete. Este indica que el propósito de Dios para con el mundo y Su presencia revolucionaria sólo se vuelven activos en la medida en que la comunidad se expresa a sí misma. Por lo tanto, donde no existe verdadera “koinonía” no hay cuerpo de Jesucristo, o sea, Él se halla sin medios de expresión y de acción en medio de la realidad histórica. Si esto que acabamos de afirmar es verdad, comprendemos que la primera función de la Iglesia, en su ministerio social, no es la realización de un programa específico sino la obtención o concreción de la realidad comunitaria. Y ello porque la acción creadora de la Iglesia frente a la sociedad depende no de planes bien trabajados, sino íntegramente de su Ser, dela “koinonía”, pues es sólo dentro de esta situación que los propósitos de Dios se vuelven reales y dinámicos.”

Rubem Alves, El ministerio social de la Iglesia local (1964)

El Deber Ser del Cristiano

Vie 9 septiembre, 2011

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Cómo debe actuar la Iglesia

Vie 9 septiembre, 2011

“La norma de vida de la comunidad cristiana corresponde a los actos redentores de Dios a través de Jesucristo. Lo que ella hace o debe hacer se deriva de lo que Dios está haciendo y desea hacer.”

Rubem Alves, El ministerio social de la Iglesia local (1964)

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Una pausa para orar

Dom 4 septiembre, 2011

 

“Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.”

Lucas 5:15, 16

La fama: un estado anhelado por muchos de los que ahora se involucran en “el ministerio”, y por el cual se han llegado a cometer fechorías inimaginables, es además, el parámetro ideal para describir “un ministerio exitoso”. Al alcanzar tal estado ¿quien se atrevería a abandonarlo?

Jesucristo nos muestra que un buen ministro no solo se dedica lo externo y visible,  sino a lo interno e íntimo: la comunión con Dios. Aunque había muchas cosas por hacer (gente sinceramente interesada y hambrienta de su enseñanza, y personas con necesidades físicas que debían ser atendidas), Jesús se tomó su tiempo, se apartó a lugares desiertos, y oró.

No voy a profundizar en porque se apartaba, o porque a lugares desiertos, o si necesariamente debía orar. Me es mucho más importante aprender de esa necesidad imperante de intimidad con el Padre, de su fuerza de voluntad para decir “ahora no” a la carga de trabajo, apartarse por un tiempo y deleitarse en la oración, un ejercicio fundamental para llegar a lo más profundo de la comunión con Dios, es decir, conocerlo.


Hace exactamente una semana publiqué aquí una frase que me hizo reflexionar profundamente en la manera en que muchos de nosotros desarrollamos el ministerio, por lo que recordé este post publicado originalmente  el 21 de mayo de 2009 en Emmanuel Castillo Weblog.

“Estoy convencido de que la tarea de la Iglesia no gira en torno a edificios, horarios, programas, sociedades ni ministerios, sino en la comunión (léase como buena relación, relación estrecha, intimidad, unidad, amistad) entre Dios y las personas y entre ellas mismas. ¿O no es eso lo que quiere decir el gran mandamiento?”


Entrada publicada originalmente en Emmanuel Castillo Weblog el 25 de mayo de 2010.

Hay quienes creen que una manera más “libre” de pensar no es compatible con temas como en el que acabo de abundar en algunos de mis últimos posts: la disciplina eclesiástica. Pero es que yo creo que ésta es absolutamente necesaria debido a la justicia, el honor y  la pureza que, bien ejecutada , puede provocar en la Iglesia. No encuentro otra forma. ¿O sí?

Veamos las cosas desde otro ángulo: ¿Por qué otras prácticas religiosas tienen un estilo de vida mucho “santo” que el propio pueblo del Libro, el cristianismo? Muchas  otras religiones tienen preceptos parecidos a los nuestros: niegan la violencia y la traición, exaltan la paz y la lealtad. La diferencia obviamente no radica tanto en las enseñanzas, sino en los discípulos. Encuentro gente mucho más comprometida del otro lado, y no entiendo por que. ¿Es la disciplina la solución? No completamente. La solución se encuentra desde lo que podríamos denominar la “impronta” del evangelio. Ese estilo de vida que los nuevos discípulos aprenden de los viejos, de sus maestros. La disciplina eclesiástica hace su parte en tanto cumple con su papel de corregir las desviaciones.

Por otro lado, creo que la comunidad no solo se crea añadiendo, sino también quitando. Se añaden personas a la comunidad, pero siempre con ciertos “vicios” que pueden llegar aún a destruirla. Éstos son los que deben ser erradicados, no las personas, aunque  en casos extremos en los que las personas no quieren dejar esos “vicios” se puede llegar a la disciplina, extrema también, de la excomunión temporal, es decir, hasta que el pecador arrepentido pueda reintegrarse de nuevo a la comunidad.

Vivir en el Espíritu (audio)

Dom 28 agosto, 2011

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Predicación del domingo 28 de agosto de 2011 en la Congregación Emanuel.

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